domingo, 03 julio 2022

Así se beneficiará Repsol todavía más del último apocalipsis petrolero

Repsol vivió en 2020 uno de sus años más difíciles. La pandemia, que afectó principalmente a la circulación de las personas, colapsó el mercado del petróleo y, a su vez, al negocio de la firma española. Pero esos mismos problemas pueden ser ahora los catalizadores que impulsen a la compañía todavía más en los próximos meses. Y es que la firma que preside Antonio Brufau puede seguir siendo una de las sensaciones del año en Bolsa.

En lo que va de 2021, la petrolera se ha revalorizado más de un 30%, lo que la ha convertido en uno de los mejores valores bursátiles hasta la fecha. Pero esas cifras todavía podrían doblarse en los próximos meses siempre y cuando se consoliden algunas de las tendencias a las que ya apuntan los analistas. La primera, y más evidente, es que el precio del petróleo todavía no ha marcado su máximo, pese al crecimiento súbito que ha protagonizado. La segunda es que el gas tampoco parece haber marcado un techo. Por último, la llegada de una recuperación más vigorosa y explosiva de lo inicialmente previsto.

El futuro del petróleo todavía sigue siendo el presente de Repsol. La firma ha avanzado en su división de renovables, pero el grueso de su negocio sigue ligado al llamado oro negro y al gas. En la actualidad, el petróleo no solo sube como la espuma, sino que los expertos de Bank of America ya lo esperan en los 100 dólares. La situación no es nueva, sino que en 2019 también se vivió una explosión en el precio del crudo que, sin embargo, pronto acabó en una bajada vertical. A pesar, incluso, de que otras instituciones también decían que pasaría de las dos a las tres cifras. ¿Podría ser igual en 2021?

EL SECTOR PETROLERO HA QUEDADO ARRASADO

La respuesta más adecuada es que 2021 no tiene nada que ver con 2019. En especial, en el caso de la oferta que debe sustentar el mercado del petróleo y el gas. Hace dos años, en la industria del crudo se enfrentaban por un lado un grupo de productores oligopolísticos, o con poder para fijar los precios, y por otro grupo importante de empresas que trabajaban a precios de mercado. Los primeros se les conoce como la OPEP, mientras que a los segundos es la llamada industria del fracking.

La principal característica de ambos es que se utilizaban como contrapeso. Así, si los primeros fijaban poca oferta y precios altos, los segundos se beneficiaban al bombear más petróleo y gas. En el caso de que la OPEP abriese el grifo el precio bajaba y los segundos sufrían con menos ganancias. Al final, el precio del petróleo estaba equilibrado por las dos fuerzas, por primera vez en la historia.

Pero en 2021 todo eso ha cambiado. La razón es que la OPEP aniquiló a las compañías de fracking aprovechando la baja demanda de petróleo a causa de la pandemia. Los países pertenecientes abrieron el grifo mucho más de lo necesario regando el mercado de crudo y tumbando los precios hasta hacerlos negativos. Una política suicida que llevó a la quiebra a una parte muy importante de la industria petrolera estadounidense o canadiense.

El resultado final es que países como Arabia Saudí o Rusia han recuperado su enorme poder sobre el mercado, lo que les permite volver a imponer precios altos. Y, lo más importante, es que apenas hay capacidad de respuesta en la actualidad por los problemas financieros de muchas compañías. Por ello, el precio del petróleo y del gas no seguirá la lógica de 2019, sino que probablemente vaya al alza como creen desde BofA.

REPSOL PUEDE BENEFICIARSE MUCHO DE ESTA SITUACIÓN

En este escenario, Repsol puede sacar mucho partido todavía a sus miles de toneladas de reservas. De hecho, ya lo está haciendo. Así, la compañía sorprendió a los analistas en el primer trimestre del 2021, gracias (en palabras de los analistas de Deutsche Bank) a las mayores prospecciones de “gas upstream” y al llamado “efecto precio”, esto es el notable incremento de dicha materia prima. Y es que el balance de la firma española tiene un gran peso el gas cuyo precio se ha disparado hasta un 450% en lo que va de año.

Con el barril de petróleo a 100 euros, las acciones de Repsol cotizaban a una media de 18 euros

Para hacerse una idea de cómo puede impactar en las acciones del grupo sirve echar la vista atrás. Así, la última vez que el barril de petróleo alcanzó los 100 euros, las acciones de la compañía cotizaban a una media de 18 euros, aunque con picos en algunos momentos de 24 euros. A día de hoy cotiza en los 10,8 euros, por lo que el margen de subida es amplio. Un camino al alza que, además, pronostican la práctica totalidad de firmas de inversión que siguen al valor: HSBC tiene un precio objetivo de 11,7 euros, JPMorgan lo sitúa en los 12 euros, RBC considera que puede llegar a los 12,5 euros y Deutsche Bank sube la apuesta hasta los 13,6 euros.

Pero no solo es la mejora económica, se prevé un Ebitda un 10% mayor y una mejora del beneficio por acción del 6% respecto a las últimas cifras, sino también otras partidas. Por primera vez en muchos años, la deuda neta de Repsol parece acorde con el sector, lo que evita fluctuaciones en las ganancias. La actual capitalización, de 16.500 millones, supone un fuerte descuento sobre el precio en libros que está en diciembre era de 20.000 millones. Aunque con el precio del petróleo más bajo. Por último, el segmento de renovables que suele cotizar con prima que, además, se incrementará recientemente con la incorporación de Hecate.

Relacionados