sábado, 23 octubre 2021

El pacto secreto (y muy lucrativo) en Wall Street que ha disparado la luz y la gasolina

En la actualidad, los españoles viven pendientes de dos noticias (con el permiso del tema inacabado del covid y todas sus variantes) que parecen estar condicionando su verano. El primero, es que el precio de la luz está alcanzando valores históricos. El segundo, es que la gasolina (y los carburantes en general) también están disparados como no se recordaban. Ambos, parecen independientes, pero no solo son. De hecho, están muy relacionados con un pacto ‘oculto’, con intenciones muy lucrativas, realizado por un sector de Wall Street.

Así, detrás del aumento súbito del precio de la luz o el de la gasolina está, principalmente, la codicia de unos pocos granjeros, hombres de negocios y entidades bancarias en algunas regiones de Estados Unidos. Cuesta pensar en ello, porque hay otros factores también, pero es la realidad. De hecho, es innegable que las decisiones políticas fallidas detrás del sistema eléctrico español tienen su peso, al igual que la posición de poca competencia desarrollada por los países ricos en petróleo (reunidos bajo el nombre de OPEP). Aunque también es innegable que todo ello estaba antes, por lo que en la ecuación ha tenido que entrar una incógnita nueva.

Ese cambio transcendental no es otro que el principio de acuerdo por parte del sector del franking en Norteamérica para producir menos petróleo y gas. O, más bien, de lo poco que queda de él, después de que los bajos precios durante los últimos años, especialmente durante la pandemia, casi eliminase a todos esos productores. Ahora, los supervivientes han adoptado una posición más pragmática (y rentable para ellos) de bombear la cantidad mínima para mantener los precios elevados.

LA CUENCA PÉRMICA, DE SOLUCIÓN A NUEVO PROBLEMA MUNDIAL

Hace unos años, la llamada Cuenca Pérmica se convirtió en el epicentro del boom del esquisto en Estados Unidos. A los más fieles del evangelio del fracking les gustaba comparar esa prolífica zona para extraer petróleo y gas con Ghawar, el campo petrolífero más grande de Arabia Saudí. Y las ganas enfervorecidas por exprimir dicho territorio consiguió algo histórico al romper con el poder de la OPEP y convertir a EE.UU. en el segundo máximo productor de crudo a nivel mundial, lo que el entonces presidente Donald Trump denominó «dominio energético».

Ahora, todo eso ha cambiado radicalmente. En primer lugar, porque la estructura industrial, excesivamente endeudada, apenas ha sobrevivido a una pandemia que frenó el uso del petróleo como nunca había pasado. En segundo lugar, porque los productores han aprendido que ser más rentables es la única manera de convencer a Wall Street, tanto bancos de inversión como inversores, de su supervivencia y eso solo pasa por mantener unos precios más altos. En otras palabras, bombear menos crudo y gas.

La situación ha llegado a un punto en que los productores están utilizando las tácticas oligopolísticas de la propia OPEP.  De hecho, algunos de ellos instaron a la Comisión de Ferrocarriles de Texas, un regulador estatal, a ordenar restricciones a la producción para rescatar el mercado petrolero cuando el precio del barril todavía era muy pequeño. Ahora ya no hace falta. Así, la producción de algunos de los gigantes como Pioneer o ConocoPhillips apenas crecerán entre un 3 y un 5% en los próximos años, según las estimaciones de las compañías.

LA LÓGICA DEL DINERO DE WALL STREET Y EL ‘EFECTO MARIPOSA’

Pero ese escaso crecimiento en la producción se producirá pese a que muchas de estas compañías no han parado de adquirir a otros más pequeños y endeudados. De hecho, ConocoPhillips adquirió Concho, otro gran productor de la Cuenca Pérmica, y Pioneer compró dos productores de esquisto, Parsley y DoublePoint Energy, ambos ubicados en terrenos adyacentes. Con ello, logran un mercado más concentrado y eso también significa menos sobreoferta.

si dicho efecto se hace permanente puede terminar destrozando el tejido industrial del país

Por último, está el truco final y es que creen que pueden atraer a los inversores concienciados con el medioambiente. Y aunque parezca una apuesta irreflexiva, en realidad si tiene su lógica. Al fin y al cabo, al reducir la producción para mantener los precios altos, también logran disminuir la quema de gas y las fugas de metano. En la hoja de ruta de las compañías todo parece un éxito y los inversores están encantados con ello. De hecho, tanto ConocoPhillips como Pioneer han subido cerca de un 50% en Bolsa en los últimos meses.

En definitiva, los (pocos) productores de fraking que quedan en EE.UU. han vuelto a poner de manifiesto el ‘Efecto Mariposa’, dentro de la llamada teoría del caos. Así, la perturbación inicial, la quiebra y posterior ‘alianza’ de los frackers, está provocando un efecto considerable en la otra parte del mundo como España (y cualquier país de la UE) con precios energéticos muy elevados. Tanto para la electricidad, que la marca el precio del gas, como para el transporte.

El problema de fondo ya no es el consumo y los ciudadanos, sino que si dicho efecto se hace permanente puede terminar destrozando el tejido industrial del país. Con ello, el empleo y todo lo relacionado con él como las propias pensiones. La globalización trae beneficios, pero también problemas para los que no están preparados.

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