viernes, 22 octubre 2021

El legendario inversor que se ha propuesto complicar más el oscuro mercado de las SPAC

Nada nunca es lo que parece en Wall Street. Así, decenas de miles de ingenieros, matemáticos, físicos o economistas trabajan jornadas maratonianas para desarrollar nuevos productos financieros. Aunque eso sí, con unos resultados discutibles. En el aspecto más puramente económico, el que les importa, las cifras suelen ser espectaculares, lo que ayuda a que se impongan en el sector. En el resto, tanto en complejidad como en ética, los nuevos derivados que aparecen cada poco tiempo dejan mucho que desear. Lo anterior, podría retrotraernos a las hipotecas subprime, pero en realidad se trata de las SPAC.

Las también llamadas compañías de cheque en blanco se han convertido en la última fiebre de Wall Street. Su creación data de años atrás, pero su boom se produjo recientemente. A medida, eso sí, de que sus creadores complicaban más su estructura y, con ello, mejoraba su rentabilidad. Ahora, mientras que el regulador de los mercados estadounidense, la SEC, trabaja para poner limitaciones al mercado de las SPAC, sus más fervientes seguidores se empeñan en seguir rizando el rizo. Quizás, porque saben que más complejidad es más rentabilidad.

Empecemos por el principio. El jugoso mercado de las SPAC ha crecido con tanta fuerza porque todos los actores intervinientes han podido trincar su parte del pastel. La compañía que son objeto de la ‘fusión’, para salir a cotizar, consiguen sus necesitados recursos para seguir adelante sin exponer, además, demasiada información confidencial. La firma de inversión que prepara el fondo logra multiplicar su rentabilidad gracias a la fiebre que había por las mismas. Por último, colocadores, agentes, bufetes, bancos de inversión y todo el grupo que se encarga de unas u otras tareas se han forrado.

LA BANCA DE INVERSIÓN EN EE.UU. HA OBTENIDO BENEFICIOS RÉCORD

Sin ir más lejos, la Santa Trinidad de la banca de inversión en EE.UU. como son Goldman Sachs, JPMorgan y Morgan Stanley han presentado resultados récord, recientemente. Aunque no han sido los únicos, dado que otras grandes firmas del sector como Citi o Bank of America también lo han hecho. Así, el beneficio de esas cinco entidades alcanzó los 39.000 millones de dólares solo en el segundo trimestre de 2021, lo que supone hasta cinco veces más que lo obtenido hace un año y cerca de un 40% que sus ganancias en 208 y 2019.

El beneficio de esas cinco entidades alcanzó los 39.000 millones de dólares, lo que supone hasta cinco veces más que lo obtenido hace un año

Esa enorme cantidad de dinero, de la que una parte proviene de esa explosión de las SPAC, ha llevado a que nadie en el sector se pregunte acerca de distintas cuestiones éticas sobre los productos que han sacado al mercado. Al fin y al cabo, muchas de estas firmas fantasmas que recaudan dinero en una oferta pública inicial no terminan por dar el resultado esperado. Entonces, ¿quién es el culpable?

En una salida a Bolsa tradicional la culpa sería del llamado asegurador, que debe velar porque los números y la información es totalmente veraz. En el caso de la creación de una SPAC eso no ocurre, de hecho, ni siquiera existe ese rol cuando se produce la fusión. Incluso, los asesores a menudo trabajan tanto para la compañía de cheques en blanco como para el objetivo. «Es una configuración llena de conflictos potenciales e intereses financieros desalineados que ha sido increíblemente lucrativo para Wall Street», advierte el columnista de Bloomberg Chris Bryant.

Todo ello ha llevado a que el nuevo presidente de la SEC, Gary Gensler, haya promovido la demanda contra la SPAC, Momentus, por haber mentido acerca de su tecnología, pese a que su patrocinador, Stable Road Acquisition, había “probado con éxito” la misma. Unos meses antes, el propio Gensler aconsejó a los inversores que no se sumergieran en dichas compañías.

BILL ACKMAN PRETENDE HACER MÁS COMPLEJO EL MUNDO DE LAS SPAC

Pero renunciar a un pastel tan jugoso es muy difícil. Más si cabe, cuando los implicados aman el dinero por encima de todas las cosas. Por ello, una de las figuras más representativas del mundo SPAC, e inversor legendario, Bill Ackman, trabaja para seguir cambiando las reglas de este negocio. Y no precisamente para hacerlo más sencillo. De hecho, su última propuesta para crear una nueva firma y con ella adquirir un porcentaje relevantes de Universal Music es una nueva pirueta mortal en el sector.

Bolsa de Nueva York

El movimiento ideado por Ackman es tan complejo que es casi imposible de resumir incluso para su equipo en Persing Square. De hecho, la presentación entregada suponía un mazo de hasta 130 diapositivas donde pocas cosas tenían sentido. En primer lugar, que Universal no tenía la intención de hacerse cargo de la cotización bursátil de la nueva empresa fusionada. Además, está cotizaría en Nueva York, mientras que la firma de música lo hace en Ámsterdam.

Por otro lado, Ackman quería conseguir un 10% de la compañía y luego distribuir los títulos a sus accionistas. Por último, en lugar de ofrecerles un voto sobre la transacción se propuso una operación más rápida, mediante la cual cualquiera a quien no le gustara el trato podría recuperar su dinero. Asimismo, los 1.600 millones en efectivo que quedarían después de comprar la participación, el gestor planeaba buscar otro acuerdo. Y el giro final, los accionistas también tendrían derecho a poner dinero en efectivo en otra transacción futura de Pershing Square. Incluso, rebautizó el concepto a «SPARC», una empresa de derechos de adquisición de propósito especial.

Por último, Ackman se había propuesto romper dos reglas del juego. Primero, el acuerdo no tenía un tiempo estimado. Por otro, pediría el dinero por adelantado y luego buscaría un nuevo objetivo, al revés de lo que se hace siempre. Ahora, la operación soñada está parada por esa extremada complejidad. Quizás sea un buen aviso para las ínfulas de Wall Street de seguir creando productos complejos que pocas veces acaban bien para el resto del mundo.

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