viernes, 22 octubre 2021

El ataque del dragón: así ha cambiado China su plan de conquista del mundo

El poder de China sobre el mundo nunca había sido tan grande. Tampoco el alcance de los tentáculos de su Gobierno. El proceso arrancó cuando se convirtió, hace muchas décadas, en la fábrica del mundo. Más tarde, y a base de talonario, ha ido extiendo su control en el sector primario de todo el mundo. Incluido la minería de una serie de minerales, llamados tierras raras, que se han convertido en vitales para la economía del futuro. Por último, las compañías chinas ahora están intentando solidificar su dominio sobre el último bastión que le queda por conquistar: la tecnología.

China aprendió de la antigua URSS, con la que comparte afinidad política, de lo provechoso que era sacar del campo a sus ciudadanos e incrustarlos en fábricas. Una práctica sencilla y efectiva para disparar el crecimiento económico. Además, la autocracia existente y la falta de libertad, como ocurrió en el territorio ruso, ayudaba a que no solo los ciudadanos aceptasen las exigencias del partido comunista, sino a crear un tejido industrial tan extenso como barato. Pero ese crecimiento ni era perpetuo ni servía por sí mismo para fortalecerse como una potencia, se necesitaba más.

Principalmente, un suministro de alimentos estable. Se trata de un elemento básico que el libre mercado logra desarrollar de forma muy eficiente, pero que, en los modelos centralizados puede causar incidentes graves, como ya se demostró en la URSS. El problema en el caso del gigante asiático, además, no era pequeño. Así, China poseía una quinta parte de la población mundial, mientras que solo un 10% (o incluso menos) de su tierra es cultivable. En otras palabras, las autoridades (y las empresas) chinas se vieron forzadas a mirar fuera de sus fronteras para alimentarse.

CHINA HA ADQUIRIDO EN UNA DÉCADA MÁS DE 6,5 MILLONES DE HECTÁREAS

Lo anterior, llevó a una expansión (y conquista) sobre el sector agropecuario mundial nunca visto. En este contexto, las empresas chinas han adquirido cerca de 6,5 millones de hectáreas de terrenos para el cultivo, la ganadería, la minería y la silvicultura entre 2011 y 2020, según los datos de Land Matrix. La cifra anterior supone más del doble de la suma de las compras realizadas por las compañías británicas, estadounidenses y japonesas. Además, ese proceso se ha ido perfeccionando con el paso de los años.

De hecho, hace muchos años el avance de las empresas estatales chinas sobre los activos mundiales del sector primario era tan torpe como corrupto. Así, se centraban en tierras agrícolas en zonas poco desarrolladas como África o América. Más tarde, la estrategia cambió y las firmas asiáticas se lanzaron a buscar en el extranjero tecnologías avanzadas para aumentar no solo sus beneficios, sino también los rendimientos y la eficiencia con los que trabajaba en el país.

Entonces, se pasó de adquirir compañías y activos a apostar por su tecnología. Un elemento primordial cuando tienes una economía centralizada y rígida, donde la innovación es inexistente. Y la política fue extensible tanto al sector industrial como alimenticio. Un ejemplo fue la compra por parte de la firma estatal China National Chemical (más conocida como ChemChina) del fabricante de neumáticos italiano Pirelli.

Pero el mejor ejemplo de lo anterior fue la adquisición por parte de la misma ChemChina del fabricante de pesticidas y semillas suizo Syngenta, allá por 2016. La operación fue la más grande ejecutada jamás por una compañía china en territorio extranjera al abonar hasta 43.000 millones de dólares. Un movimiento arriesgado, pero con un objetivo todavía más ambicioso: monopolizar el mercado de las semillas.

LAS TIERRAS RARAS EN POSESIÓN DE CHINA

De hecho, ese mantra de los gobernantes chinos se extendió por la prensa mundial en los años siguientes a medida que seguían acaparando fabricantes de semillas. Un año más tarde, las miradas estaban puestas en otro mercado tan importantes o más que el de las semillas: el monopolio de China sobre las llamadas tierras raras. Se trata de una serie de elementos, 17 en concreto, que van desde el escandio hasta el lutecio, se esconden en las profundidades de la tabla periódica y aparecen en todas las cosas electrónicas. Incluidos, cada vez más, los vehículos eléctricos.

Pero ese control no es nuevo. China posee dos quintas partes de las reservas mundiales y ya en 1992, Deng Xiaoping bromeó al señalar que «Oriente Medio Tiene petróleo y China tiene tierras raras». Una década más tarde, el gigante asiático acaparaba casi la totalidad de la producción mundial. Ahora, dos décadas después su control sigue siendo casi absoluto. Incluso, en aquellos minerales claves que no están en sus propios dominios.

Uno de los mejores ejemplos es el caso del cobalto. De dicho mineral, que recibe su nombre de un duende travieso alemán conocido como Kobold, se sabe que las mayores reservas del mundo están enterradas bajo la inestable República Democrática del Congo. Pero no es tan conocido que cuatro quintas partes de los sulfatos y óxidos de cobalto que se utilizan para fabricar los cátodos más importantes para las baterías de iones de litio se refinan en China. Además, que una parte importante del 20% restante, que se procesa en Finlandia, proviene de una mina propiedad de una empresa china, China Molybdenum.

Pero no es el único gran conglomerado chino detrás de las tierras raras. Otro gigante, Shenge, es el mayor accionista de la compañía Greenland Minerals que está creciendo rápidamente por todo el mundo. De hecho, una de sus últimas intervenciones más sonadas ha sido su activismo, durante décadas, para poder extraer tierras raras en Goenlandia.

LO PEQUEÑO ES BELLO

El caso del cobalto, las tierras raras y la figura de Shenge y Greenland Minerals es otro ejemplo perfecto de como China está confeccionando su último plan de expansión a nivel mundial. Una expansión en el mundo tecnológico de forma mucho más sutil y sin levantar tantos recelos. De hecho, pese a que el poder detrás de Greenland reside en el gigante asiático, no se trata de una compañía china, sino australiana. La táctica no es perfecta, pero le está sirviendo para cerrar multitud de acuerdos sin levantar ampollas en otras grandes potencias.

Así, una nueva generación de empresas chinas está prosperando, después de años expandiendo sus operaciones globales y ahora ganan tanto dinero fuera de China como dentro. Pirelli sigue mantiendo sus fábricas en Italia o la sede de Syngenta sigue en Suiza. Además, las empresas chinas están aprendiendo a ejecutar inversiones más pequeñas que es difícil que sean detectadas. «La ola especulativa de inversiones en el exterior entre 2015 y 2017 se tragó 425.000 millones en activos y despertó muchas dudas entre los reguladores extranjeros y chinos por igual. Por el contrario, de las 235 transacciones salientes en lo que va de año, solo tres fueron valoradas en más de mil millones de dólares», señalan desde The Economist.

Tencent, uno de los grandes conglomerados chinos, es un ejemplo de ambas. Por un lado, las ventas al exterior del conglomerado han aumentado a una tasa anual del 40% durante casi una década. Por otro, la compañía ha ejecutado más de 85 inversiones diferentes desde 2019. Unas adquisiciones que le han llevado a Japón, compró el 4% de Rakuten, o a Estados Unidos donde ha cerrado más de una docena. Entre ellas está la red social que explotó Wall Street, Reddit.

Las formas han cambiado, pero el objetivo para las compañías es el mismo: copiar la propiedad intelectual desarrollado en el mundo libre. Al igual ocurre con el Gobierno chino. Sus formas para controlar a los gigantes chinos se han transformado con el paso de los años hasta llegar a ser muy eficaces. La guerra contra el conocido creador de Alibaba, Jack Ma, es un ejemplo. Más recientemente, la retirada de la App de Didi tras salir a cotizar a Nueva York. En definitiva, e mundo cambia progresivamente, pero las ideas de conquista y dominación de algunos parecen inalterables utilice el disfraz que utilice.

Relacionados