miércoles, 29 junio 2022

Ethereum, contra las cuerdas: así está perdiendo su dominio en DeFi

La economía descentralizada siempre ha sido un bonito sueño de libertad. El blockchain, una tecnología conocida como cadenas de bloques, dio alas a dicha utopía. Más tarde, la cristalización de la conocida DeFi, que no es más que la suma de aplicaciones de finanzas descentralizadas, se convirtió en el prototipo ideal. Finalmente, la confirmación llegócon la explosión del sector, de hecho, en apenas dos años el valor de los activos almacenados ha aumentado de unos 1.000 millones a más de 200.000. Pero ahora la guerra ha pasado al siguiente nivel: destronar a Ethereum.

Ethereum es una cadena de bloques creada en 2015 como una versión más general del bitcoin. La popular criptomoneda fue la primera red blockchain, data de 2009, pero en la actualidad no es más que una distracción. De hecho, a la primera se la considera como una mejora de la segunda, ya que es capaz de almacenar más información. Y lo más importante: permite garantizar que una aplicación que se puede programar en código funcione como está escrita, eliminando así la necesidad de un intermediario. Esa función la permite ser la principal plataforma sobre la que se construyen la mayoría de aplicaciones DeFi.

En el fondo es sencillo. La banca convencional requiere de una enorme infraestructura para mantener la confianza entre extraños. Unas exigencias que van desde cámaras de compensación hasta el cumplimiento de reglas, regulación y tribunales de capital. Todo ello es demasiado costoso. Mientras, las transacciones en una cadena de bloques son fiables, baratas, transparentes y rápidas, al menos en teoría. Y aunque se pueda pensar que esas aplicaciones escapan a la vida diaria, en realidad es todo lo contrario. Las actividades incluyen el comercio en los mercados, la emisión de préstamos o la recepción de depósitos a través de los llamados contratos inteligentes.

LOS PROBLEMAS QUE DESESTABILIZAN ETHEREUM

Pero la teoría es una cosa y la realidad otra. La tecnología blockchain actual es torpe. Una de las principales razones es que bitcoin o ethereum utilizan lo que se conoce como mecanismo ‘prueba de trabajo’, donde las computadores compiten para resolver problemas matemáticos, para verificar transacciones a cambio de una recompensa. El sistema ofrece seguridad, pero también lo vuelve excesivamente lento y limitado. De hecho, bitcoin solo puede procesar siete transacciones por segundo. Ethereum, por su parte,apenasllega a 15. Los problemas de lentitud y coste se vuelven inasumibles en las horas punta.

Aun así, ethereum intentó solucionar esto con un sistema de precios parecido, por ejemplo, al que utilizan las plataformas de movilidad como Uber. Así, cuando la demanda para completar transacciones en la red de Ethereum es alta, las tarifas pagadas a las computadoras que las verifican aumentan y los tiempos de liquidación crecen. Según los datos aportados, se pueden llegar a pagar hasta 70 dólares para convertir 500 dólares en ether, la criptomoneda de ethereum. Además, el cliente tipo tiene que esperar varios minutos para que se realice una transferencia de una billetera criptográfica a otra.

Y aunque los desarrolladores de la plataforma llevan mucho tiempo intentando mejorar estas capacidades todavía está lejos. Una de las más importantes es pasar de la “prueba de trabajo” a la “prueba de participación” que es un mecanismo más fácil y escalable, esto es que puede ser utilizado por más gente a la vez, la realidad es que hasta finales de 2022 (como pronto) no estará disponible. Otra idea es dividir la cadena de bloques, en un proceso llamado “fragmentación”, de tal manera que se comparta la carga ampliando la capacidad. Por último, también se trabaja en formas de agrupar transacciones, reduciendo la cantidad de ellas que deben verificarse directamente.

LOS COMPETIDORES HAN OLIDO LA SANGRE

Pero al igual que la “prueba de participación” no estará lista hasta finales de año, el resto de implementaciones o son parches o no llegarán pronto. En definitiva, que hay demasiado espacio para que los competidores puedan atacar un mercado enormemente rentable. Al final, la idea es sencilla y al igual que ethereum fue una mejora de bitcoin, ahora los competidores se ven a si mismos como una versión avanzada de la cadena de bloques creada por Vitalik Buterin. Además, lo peor para los inversores de ethereum (y la buena noticia para el resto) es que lo están consiguiendo.

Así, los informes han empezado a detallar este trasvase dentro del organigrama de las finanzas descentralizadas. Uno de los últimos, y también de los más relevantes, es el de JP Morgan. El banco de inversión detectó que si bien a principios de 2021 casi todos los activos depositados en las aplicaciones DeFi estaban en la red de ethereum, por encima del 90%, a finales de año ese porcentaje se había reducido al 70%. Una cuota de mercado todavía enorme, pero la caída no es menos importante. Además, todavía es más alentador que las firmas que están detrás de este cambio tengan mejoras para los límites antes descritos de ethereum.

Además, el propio analista de JP Morgan, Nikolaos Panigirtzoglou, señalaba las fallas: “dado que es probable que los cambios planificados en ethereum demoren al menos un año, si no más, el riesgo es que (…) la red pierda más participación de mercado”, recogía recientemente en un reportaje The Economist. Entre los competidores que ganan terreno sobresalen nombres como Avalanche, Binance Smart Chain, Terra y Solana. Todas ellas son ahora capaces de utilizar la prueba de participación,lo que les permite ejecutar cadenas de bloques que hacen el mismo trabajo básico que ethereum, pero mucho más rápido y económico. 

Avalanche y Solana, por ejemplo, procesan miles de transacciones por segundo. Una capacidad que las sitúa entre las próximas favoritas para fagocitar el entorno DeFi, aunque ese pensamiento ya parece desfasado. La aparición de estas redes, también de la llamada Web3, una nueva tecnología ligada a DeFi, donde ya trabajan compañías como Deloitte, La Nasa, Nike o Porsche demuestra que con el tiempo se irán imponiendo las más eficaces, rápidas y económicas. Y que es impensable que una sola pueda monopolizar el mercado. Una representación perfecta de lo que en teoría debe ser un ecosistema descentralizado. Pero siempre hay que tener cuidado porque la teoría y la realidad no siempre se llevan bien.

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