sábado, 03 diciembre 2022

Christine Lagarde admite su fracaso pero no dimite

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Christine Lagarde es una superviviente de sus propios errores. La presidenta del Banco Central Europeo ha traído el desorden y desconcierto desde que entró en política para después dirigir dos de los organismos más importantes del mundo con el mismo espíritu errático. La palabra dimisión o al menos una disculpa por un error con fatales consecuencias no entran dentro de su discurso.

Lagarde aseguró hace cuatro meses que la inflación galopante sería TEmporal y transitoria

La también culpable por «negligencia» en el caso Tapies, y por el que no tuvo que pagar pena alguna, ha hundido las perspectivas económicas de la Eurozona tras su inacción durante más de un año para hacer frente a la ahora más que disparada inflación. La presidenta del Banco Central Europeo ha preparado un supuesto bazooka para hacer aliviar las primas de riesgo de países como Italia y España, al mismo tiempo que ha incrementado el precio del euro en un 0,5%. Todo, tras asegurar apenas hace cuatro meses que la inflación galopante sería «temporal» y «transitoria». De hecho, en marzo trasladó de forma categórica que las alzas de tipos de interés no tendrían lugar hasta 2023.

EL BCE CARECE DE CREDIBILIDAD EN UNA SITUACIÓN AL BORDE DE RECESIÓN

Este error de cálculo no sólo daña la credibilidad de quienes están al frente de la política monetaria de la Eurozona, sino que ésta va a tener duras consecuencias sobre familias y empresas. En primer lugar, está por ver el efecto de estas alzas del precio del euro en la inflación, más cuando todos los modelos apuntan que seguirá siendo alta hasta 2024. Asimismo, estas subidas se están trasladando a los intereses de la deuda y especialmente a las hipotecas, donde el interés fijo está ya prácticamente desaparecido y el ascenso del Euribor encarece los préstamos en más de 1.000 euros anuales.

Christine Lagarde, presidenta del BCE
Christine Lagarde, presidenta del BCE

Este terreno estará perfectamente abonado para las empresas de créditos rápidos a elevadas tasas, como está ocurriendo con los créditos revolving, disparados desde mayo de este año hasta niveles no vistos desde 2019. Son préstamos seguros, siempre y cuando se devuelvan en tiempo y forma. En caso contrario, se exigen tasas cercanas al 20%, rozando la usura en la mayoría de casos.

Todo ello, mientras el euro continúa debilitándose frente al dólar, hasta rondar la paridad e incluso perderla durante algunas sesiones. La presión será aún mayor cuando la Reserva Federal de Estados Unidos incremente sus tipos de interés el próximo miércoles.

EL DAÑO A FAMILIAS Y EMPRESAS POR NO ATAJAR ANTES LA INFLACIÓN

La banca está conteniendo el crédito con las mismas restricciones que en los últimos años, mientras aún se resiste a remunerar los depósitos bancarios como hizo en el pasado, al tiempo que cobra más caro por la deuda ya concedida si ésta está referida a un interés variable. De esta manera, las compañías con mayores montantes de deuda tendrán más complicada la refinanciación y obtención de fondos.

Esta inacción obliga ahora al BCE a preparar ahora la artillería para evitar que los bajistas hagan su agosto con los bonos soberanos, como ocurrió con Grecia, España e Italia entre 2010 y 2012. El ataque se detuvo por completo con las palabras mágicas del entonces presidente del BCE, Mario Draghi. «Haré lo que haya que hacer, y créanme, será suficiente«, afirmó justo hace una década el ahora ex primer ministro de Italia, quien ha renunciado al ser incapaz de formar Gobierno. No son pocas las voces que advierten que su política monetaria ha provocado esta nueva crisis. Y es que, hay cifras que sitúan a Europa en la era de la posguerra, mezclada con la crisis del petróleo de los 70, el estallido de la burbuja tecnológica e inmobiliaria, y una enorme bola de deuda incomparable con la de 2012.

LAGARDE PRESENTA UN BAZOOKA SIN MUNICIÓN

Con Draghi al frente, se flexibilizó la economía con una facilidad de crédito inusualmente prolongada en el tiempo. Los tipos de interés en la Eurozona se situaron en el mínimo histórico en 2012 y desde entonces se ha dado el dinero sin ton ni son a empresas, entidades y repartido un sinfín de millones para comprar deuda pública y privada, sosteniendo empresas zoombies, proyectos ineficientes y generando un fuerte despilfarro.

Ahora, el escenario de una recesión ya se ha activado en países como Estados Unidos, con la inversión de la curva de tipos de interés. Los inversores cobran más con la deuda a tres meses y dos años frente a los diez, donde en teoría la incertidumbre es mayor. El principal problema, que la clase política europea trata de esconder, es que si la primera potencia de Occidente entra en recesión, el resto de países lo hará con mayor o menor profundidad.

En España, por ejemplo, Nadia Calviño, ministra de Economía, niega por activa y por pasiva que vaya a suceder. Por ahora, las cifras de turismo, que soportan directa e indirectamente, cerca del 30% del PIB avalan su afirmación. ¿Qué ocurrirá si Alemania o Francia dejan de enviar turistas? ¿Y si se suman estadounidenses e ingleses? Cabe destacar que España fue el país de la OCDE con mayor caída del PIB, más de un 10%, en 2020 por este hecho. Si los turistas no vienen podría acarrear un problemática aún mayor.

EL BCE DE LAGARDE, LEJOS DE TRANSMITIR CONFIANZA AL MERCADO

El BCE de Lagarde, por otro lado, ha dado luz verde a la nueva herramienta anti prima de riesgo denominada Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI). Esta medida no es un simple compromiso para comprar los bonos de países en problemas o con una «dinámica de mercado injustificada y desordenada». Sin embargo, no se trata de un programa de compra de deuda, sino que los criterios son demasiado generalizados, sin apenas concreciones ni explicaciones, para que cualquier tipo de bono soberano tenga cabida en esta especie de ‘quantitative easing’ -los denominados QE de la última década-.

No es más que un nuevo eufemismo inventado por el BCE para justificar que seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para sostener artificialmente al euro y las potencias que lo componen. Lejos de exigir reformas estructurales de calado, el TPI no es más que un espantapájaros para quienes tratan de sacar tajada con los problemas de fondo de los países de la divisa común.

No hay cifras sobre la entrada de un rescate, como en 2010. Entonces se afirmaba que los países con más de 700 puntos básicos eran susceptibles del mismo, eso sí, a cambio se exigían duros recortes, como a Grecia, Irlanda o Portugal. España tuvo que acometer reformas por los 100.000 millones del rescate de las politizadas cajas de ahorro, un dinero dado por los contribuyentes y del que tan sólo se han recuperado unos pocos miles de millones.

LOS LAXOS REQUISITOS DEL NUEVO ‘QE’ DEL BCE DE LAGARDE

Para este nuevo rescate de países no está estipulado ni el tiempo ni tampoco la cuantía. Es tan indeterminado que ha generado una mayor incertidumbre en el mercado. Cabe señalar que estos bonos soberanos copan ya el balance del BCE. Con la crisis sanitaria, la entidad compró hasta 1,7 billones de euros en deuda soberana, a la que hay que añadir la adquirida en la última década.

Italia es la principal preocupación de los inversores en la Eurozona. El interés exigido a la deuda a diez años se ha triplicado desde enero, al alcanzar el 3,5%, con una prima de riesgo de más de 230 puntos básicos, superior a la de Grecia y el doble que la de España.

Tal es el rocambolesco plan de Lagarde que ha asegurado que entre sus preferencias no es utilizar el TPI. Lejos de exigir reformas, y tan duras como las pedidas hace una década, la máxima responsable de la política monetaria europea prefiere tener el armamento listo para combatir la inflación. De hecho, ha afirmado que este instrumento apenas tendrá influencia para atajar la inflación galopante. Cabe recordar que el mandato principal del BCE pasa por una estabilidad de precios cercana al 2%, un objetivo que incumple desde mediados de 2021 con la excusa de la crisis del Covid-19. También ha permitido a los países disparar sus niveles de déficit y deuda en este tiempo. Y todo, para lucir un bazooka que no sabe si contiene munición suficiente para hacer frente a la activación de un escenario de recesión.

UNA RECESIÓN EN CIERNES Y LAGARDE CONTINÚA ERRANDO EL TIRO

Esta forma de actuar de Lagarde no es nueva. Lo hizo con el FMI y Argentina, con un resultado catastrófico para la economía del país, incapaz de acudir a los mercados y una inflación del 64%. Lagarde concedía miles de millones a Argentina sin que el país tuviera control alguno sobre el gasto. De hecho, lo único que han sabido hacer desde el banco central de esta potencia latinoamericana ha sido la de imprimir dinero como si no hubiera un mañana, manteniendo un gigantesco sector público que sigue nutriéndose de la devaluación del peso y la miseria social.

Como ministra de Economía de Francia, Lagarde también instauró un impuesto a la banca, del que ahora recela en España, y que aún sigue vigente desde entonces. Tampoco se libraron petroleras y otras grandes empresas. Medidas todas ellas erráticas que habrían exigido la dimisión en cualquier empresa respetable y que muestre confianza. En este momento, el BCE carece de ambas y Lagarde se mantiene en el puesto.

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