martes, 27 septiembre 2022

La presión interna sobre Lagarde se recrudece: mayores subidas de tipos para abrir la estanflación

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Christine Lagarde ha aguantado el primer envite de los halcones en el seno del Banco Central Europeo (BCE). La presidenta de la institución elevó los tipos de interés al 0,5%, el doble de lo previsto en un primer momento, el pasado mes de julio. Una medida más agresiva de la habitual ante una inflación galopante y desbocada que asola la Eurozona, con alzas en los precios de dos dígitos, como en el caso de España. De esta forma, los ‘hawkish’ se hacen hueco en el seno de la institución, cuyo prestigio se ha degradado ante la falta de medidas y de anticipación, más cuando permite incumplir las reglas fiscales e incumple su propio mandato.

El incremento de los tipos de julio muestras a un BCE agónico ante esta inflación, una medida que tuvo el respaldo de la mayoría de los participantes en el consejo. Sin embargo, aún hay un reducto que apuestó por un alza más moderada, de apenas el 0,25%. El movimiento del BCE deja el precio del euro en niveles del medio punto, una cota demasiado baja para poder competir con el dólar. Se trató del mayor alza de tipos desde la creación y la primera subida en los últimos once años, cuando el organismo entonces presidido por Mario Draghi sacó toda su artillería para superar la crisis de deuda.

Con los riesgos de recesión acechando, un aumento de 25 puntos básicos era visto como más acorde con una normalización gradual de la política monetaria

Las actas del BCE muestran, además, la cautela ante los «riesgos de recesión«. Por este motivo consideró que un alza mayor sería mandar un mensaje a los inversores y al mercado. «Con los riesgos de recesión acechando, un aumento de 25 puntos básicos era visto como más acorde con una normalización gradual de la política monetaria», se lee en el documento.

EL BCE EVITA HABLAR DE ESTANFLACIÓN PESE AL ESCENARIO ECONÓMICO

Pero esta alza de tipos es insuficiente. Pese al alivio en el precio del combustible, los precios no han parado de subir durante agosto, especialmente alimentos y energía. La luz en España, por ejemplo, ha vuelto a superar los 300 euros por Mwh durante varias jornadas, mientras los establecimientos mantienen los incrementos para evitar la reducción de márgenes, recurriendo a prácticas como reducir el peso de los paquetes para venderlos al mismo precio.

Para el BCE, esta subida «brindaba más claridad», pero nada más lejos. El índice bursátil alemán DAX ha caído un 2% desde la adopción de la medida, mientras que el Ibex 35 se ha mantenido prácticamente plano. Las consecuencias reales se han registrado directamente en el mercado de divisas, con un euro debilitado y sin atisbos de sobrevivir a la agresividad de la Reserva Federal de Estados Unidos, que ha elevado el precio del dólar a la horquilla entre el 2,25% y 2,5%. Por el momento, las ‘palomas’ del BCE, que instan a flexibilizar las normas como hasta ahora, no han perdido peso dentro del seno ya que se mantiene la ruptura de la estabilidad de precios, que deberían situarse en niveles cercanos al 2%, pese a que la inflación lo cuadruplica.

El BCE juega con fuego al abrir la puerta a la estanflación
El BCE juega con fuego al abrir la puerta a la estanflación

Para evitar males mayores, el BCE se sacó de la manga una nueva munición consistente en comprar deuda de países con mayor riesgo para evitar la subida de la financiación. Son estados España e Italia, cuya prima de riesgo está desbocada, mientras que en nuestro país lo está la deuda, al dispararse en los últimos años por la pandemia. Los ‘halcones‘ del BCE aceptaron este ‘bazooka’ con reticencias, y todo por la falta de reformas estructurales de los países.

EL ESCENARIO ES LA ESTANFLACIÓN

El debate ahora en el seno del BCE es obligar a la economía a entrar en una recesión para retirar liquidez del sistema y reducir así la inflación. No obstante, ésta no es una recesión al uso, como las decenas vistas anteriormente. Y es que, sin crecimiento y con los precios desbocados el escenario cambia a estanflación, el peor conocido hasta ahora en una economía de mercado.

Asimismo, los precios disparados no se deben al lado de la demanda, como ha ocurrido en anteriores situaciones, sino por la escasez de la oferta. No hay pisos, ni viviendas, también falta producción de alimentos y productos industriales por la falta de grano y componentes, respectivamente. Todo ello, mientras la industria adecua su producción en función de los precios energéticos. Solo en España, la caída del consumo de gas en la industria será del 40% en agosto, es decir, miles de afectados por ERTEs, parón de líneas de producción y fábricas. En julio, la caída fue del 30%, según han señalado fuentes del sector.

Para esta situación no hay solución factible ni varita mágica. La teoría económica apunta que un mayor gasto productivo podría salvar el parón económico, pero sería gasolina para la inflación. Por el lado de elevar los tipos de interés, las familias y empresas se comerían literalmente los ahorros, como está ocurriendo, y pagarían muy cara la nueva deuda emitida. Las refinanciaciones serían más elevadas en los próximos meses, como se está viendo en diferentes índices, como el euríbor y el 20% que llegan a exigir los créditos revolving.

LA RECESIÓN NO PARARÁ LA INFLACIÓN

Con todo, el BCE tendrá que volver a subir los tipos en septiembre y está por ver aún si el incremento será más severo debido al hundimiento del euro, que se dirige a largo plazo a una caída libre y paulatina hacia la zona de los 0,8 dólares, un nivel solo visto en los primeros albores de la creación de la divisa única. Asimismo, el BCE admite que la entrada en recesión en la Eurozona, entre invierno y primavera de 2023, no disminuye los riesgos al alza de la inflación.

Y es que, la crisis energética golpea con fuerza los precios del gas traídos de otras zonas, como Estados Unidos y Argelia. La cadena de suministro, por otro lado, no tiene arreglo a corto plazo e implicará una subida de precios aún mayor. Así, el BCE apunta a un «cambio importante en el entorno que implica mayores presiones inflacionistas en la Eurozona». Y es que, las materias primas más utilizadas se pagan en dólares.

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